-¿O será
que lo que fue, parece ser y al mismo tiempo sigue siendo lo
que es?
Pregunta y prueba
trascendente de la herida abierta que separa el pasado ajeno
y espejo representacional lejano, de lo que es felizmente apropiado
como contundente identidad, donde lo de ajeno no le quita lo
de propio ni lo de contundente.
Sobre sillas acondicionadas
con deliciosos tapizados, postra y aplasta los exquisitos pliegues
de sus naguas que a manera de velo esconden la forma y contenido
del derrière. Sobre exquisitos pliegues representados,
enmarcados y colgados, arremete la mirada que aflora ahora desde
el ano. ¿O será que lo que fue, parece y al mismo
tiempo sigue siendo lo que es?
Con su vajilla decorativa,
a manera de cosmopolitas escudos y comarcas conquistadas, la
abuelita contiene y conmemora el legado de un pasado narrado,
un presente imaginado y un futuro dócilmente aceptado.
Corre la cortina y mira por la ventana esperando a sus nietos;
a sus invitados;
-Y si no vienen;
y si no vuelven; que manden una foto para reemplazar el último
plato roto.
El muñón
del descabezado es la prueba irrefutable de lo que es real pero
que aparece como ausente. No es lo que se sabe, sino lo que
se siente y lo que la abuelita siente es que no tiene setenta
sino veinte. Que ya sabe múltiples idiomas, que ya conoce
de arte. Pero se ha quedado sola en una sala donde solo hay
invitados en un lienzo sentados y exquisitamente representados.
Y como de la pregunta ya solo quedan los signos y en el medio
un vacío; argumenta que lo mejor es quedarse con lo ausente
porque ahí es donde mejor se siente.
Ahora sabe que del desecho al hecho hay corto trecho.
Juan Nicolás Donoso