En la materia el mundo se hace
feo, bello, costoso, secreto o público, popular o selecto.
Pero sobre todo, y por lo mismo, el mundo se vuelve cultura y
la cultura se hace material. Sólo así, y gracias
a las cosas, la cultura adquiere la posibilidad de ser vivida.
En su trabajo, la obra de Carlos
Castro se ha movido a través de los elementos decorativos
y prácticos más comunes en la cultura colombiana,
cuidándose siempre de no discriminar nada y otorgándole
a cada objeto la atención que él mismo exige. El
resultado: descubrir que en cada cosa que poseemos o carecemos,
escuchamos la voz de la memoria colectiva de las distintas idiosincrasias
que constituyen un país. Pero también, y por la
misma razón, descubrir que adjudicarse una cultura vale,
es decir, tiene un precio. La cultura se debe comprar y se puede
vender.
En este trabajo, titulado “Ministerio
de Cultura”, Castro recurre al concepto de venta callejera.
Comunes en todas las ciudades del mundo, las ventas callejeras
no son para nada ajenas al mercado urbano colombiano. En ellas,
la cultura propia o la ajena hecha propia sobreviene ilegal, imitativa,
cercana. La cultura se hace barata: la cultura se hace alcanzable
mientras la vida aparece como subsistencia; sobreviene supervivencia.
Bart Simpsons de caucho pintados
para parecer precolombinos de barro, bonsáis de plástico
decorados con trips de Yagé, platos decorativos y hasta
DVD´s multizona para disfrutar en casa. Objetos construidos
a partir de algunas de las obras más representativas del
arte colombiano; imitaciones non authorized recibiendo todo el
peso de la ilegalidad; subsuelo en la subsistencia cultural. Y
lo mejor de todo: baratos.
“Ministerio de Cultura”
dirige nuestra atención a uno de los aspectos más
íntimos y al tiempo generalizado de la obra de arte, esto
es: su posibilidad de materialidad y por lo tanto, el ser una
encarnación del modo de producción y comercialización
de la cultura. Las obras aquí falsificadas, alteradas,
y en tanto sus originales constituyen representantes-representaciones
de la cultura del país, permiten múltiples reflexiones
no sólo acerca del mercado del arte, sino que a través
de la obra se accede al aspecto fundamental del fenómeno
de la cultura: ser la materia de la que está hecha el mundo.
Juan Nicolás Donoso